Domingo, son las 10 de la mañana y me quedo de "Rodriguez" unos cuantos días. Estamos a finales de agosto, día 24 para ser más exactos, por lo que todo el mundo está de vacaciones. Bueno, todo el mundo no, creo que hay 3 o 4 personas en la Península que estamos al pie del cañón y para mi suerte, uno de ellos es mi buen amigo Maik que me va a regalar una experiencia voladora que llevo tiempo, demasiado, con ganas de realizar: volar en un aerodino sin motor en el que su sustentación y traslación provienen de la resultante general aerodinámica: un velero (Toma Ya!).
Llego pronto al aeródromo de Ocaña, sobre las 10:30 de la mañana . Un aeródromo gestionado por SENASA con dos pistas paralelas, una de asfalto, la 11-29, de 1200x20 (de los 100 de ancho total, se encuentran asfaltados los 20 m centrales, siendo el resto de terreno natural compactado) y otra de tierra, la 17-35, de 900x100.
Parece mentira la cantidad de veces que he pasado al lado, por carretera, y todavía no me había animado nunca a parar aquí.
Según aparco, lo más a la sombra que puedo ya que el día promete ser de los que atiza bien el calor, me encuentro que la actividad paracaidista está a tope: el cielo se llena de puntitos de colores que poco a poco se van haciendo más y más grandes, sobre todo cuando abren las campanas. Algunos bajana toda leche muy rápido haciendo espirales. Incluso, uno de los zumbaos atrevidos es capaz de bajar tan rápido que pienso que se va a despanzurrar contra el suelo para en el último momento ponerse paralelo al suelo, tocando con la parte exterior del muslo la hierba y volver a ponerse vertical y aterrizar casi parado con un pequeño salto. Los pelos como escarpias, oiga.
Llego pronto al aeródromo de Ocaña, sobre las 10:30 de la mañana . Un aeródromo gestionado por SENASA con dos pistas paralelas, una de asfalto, la 11-29, de 1200x20 (de los 100 de ancho total, se encuentran asfaltados los 20 m centrales, siendo el resto de terreno natural compactado) y otra de tierra, la 17-35, de 900x100.
Parece mentira la cantidad de veces que he pasado al lado, por carretera, y todavía no me había animado nunca a parar aquí.
Según aparco, lo más a la sombra que puedo ya que el día promete ser de los que atiza bien el calor, me encuentro que la actividad paracaidista está a tope: el cielo se llena de puntitos de colores que poco a poco se van haciendo más y más grandes, sobre todo cuando abren las campanas. Algunos bajan
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| Paracaidistas. ¿Me animare alguna vez? Cuantos más años tengo, menos ganas de probar |




